Loire et Loges. Detrás del proyecto.

A menudo ojeamos el resultado de los concursos de arquitectura y la cantidad de equipos que se presentan, todos ellos representados en sus paneles finales de entrega (generalmente suelen ser un panel A1), y no podemos evitar sentir un gélido escalofrío recorriéndonos la espalda.
No por el hecho de que pueden ser nuestros competidores directos las veces que nosotros también hemos participado. En esta ocasión pensamos en la cantidad de horas de trabajo que, calculamos viendo un panel tras otro, hay colgadas en la pared.

El tiempo de dedicación a un proyecto (sea del tipo que sea) es siempre lo más difícil de gestionar a la hora de ponerse a trabajar, sobre todo si lo hacemos en grupo.
Si enfocáramos nuestra actividad desde un punto de vista esencialmente empresarial, habría que establecer un plazo máximo de resolución (en cada uno de los apartados) en función, entre otras cosas, al premio final; en el caso de que resultáramos ganadores, ésta sería nuestra remuneración, así que tiene sentido que la organización gire principalmente en torno a esta cuantía.

La realidad es, como siempre, completamente diferente.
No podemos evitarlo. Una vez que hemos decidido participar no nos importa cómo sea el concurso, no nos importa a cuánto asciende el premio, y no nos importa cuántos fines de semana nos va a tocar trabajar.
Una vez tomada la decisión nos negamos a entregar cualquier cosa a cualquier precio y, aunque suene un poco dramático, renunciar con ello a nuestra propia integridad.

Conscientes de esto, buscamos concursos que desde el inicio nos apasionen y que, desde el momento de conocer la temática y las bases, comencemos automáticamente y casi de manera inconsciente a dibujar ideas en cualquier papel que tengamos a mano.

Así hemos descartado presentarnos a más de un concurso, algunos de ellos muy interesantes y emplazados en entornos verdaderamente fascinantes pero con premios irrisorios e insultantes en la mayoría de los casos.
Cualquier cifra hoy nos parece mucho, sobre todo cuando estás empezando y cualquier cosa viene bien. Pero no es así, no todo vale.
Detrás de nuestro trabajo hay una fuerte inversión, tanto económica (impresiones, compra de material, libro, café…) así como de nuestro capital tiempo y es importante empezar a tenerlo en cuenta.

En este aspecto, con el concurso del Loire et Loges nunca tuvimos ninguna duda y captó nuestro interés casi desde que conocimos su convocatoria.
De hecho, seguramente haya sido hasta la fecha, el proyecto al que nos hemos enfrentado con más ilusión y dedicación.

Más información aquí:
http://www.loire-et-loges.com/en/concours_concept.php

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Sobre todo al principio, las ideas iniciales necesitan un entorno y un contexto adecuado para que afloren y vayan cogiendo forma, apoyadas en todos los datos e información de la que disponemos.
Particularmente, encuentro este entorno en los garabatos que voy dibujando una vez que me pongo frente al proyecto. Así consigo poner en orden las ideas en un proceso que veo necesario que, en un principio, se haga de manera individual y a poder ser en la más tranquila soledad.
Sin embargo, de nada sirve todo este trabajo si finalmente no se expone y se discute con todo el equipo.

Precisamente, en esta ocasión voy a compartir los bocetos que han ido articulando las ideas antes y después de exponerlas y trabajarlas en grupo; y cómo es necesario a veces un comienzo atropellado que va cogiendo forma con el trabajo.

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Nota 1. Comprobaciones.
En estos primeros dibujos aparecen formas muy variadas donde, sin embargo, se van percibiendo unas intenciones comunes de relación con el entorno inmediato y con el paisaje; se ve cómo se abren la piezas en alguno de sus lados y la intención de crear un nivel superior al que se pudiera acceder desde dentro.

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Nota 2. Idea, forma.
Los primeros dibujos sirven para “relajar los músculos” y romper el hielo.
Entonces aparece, influenciado por las referencias que tenemos en las bases del sitio así como las ideas iniciales trabajadas, la idea (y la forma) que aparece como matriz y base para la definición final del proyecto.
Dibujamos la recurrente silueta de una casa, que en nuestro caso se trata del perfil que dibuja en el paisaje las antiguas casas-refugio de los trabajadores del campo de la zona del Loire, silueta que recuperamos.

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Nota 3. Idea, forma.
La forma ahora es la constante en los siguientes intentos.

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Nota 4. Intenciones.
También aparecen dibujos al margen donde se estudian diferentes intenciones iniciales del proyecto, aunque luego no tengan solución específica.
Ésta en concreto se trataba de la percepción interior del exterior a través de una vista por el techo de una de las piezas.

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Nota 5. Proyecto.
Volviendo la vista atrás, releyendo las bases y trabajando las comprobaciones obtenemos la idea final, que empieza a cobrar fuerza y se materializa.

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Nota 6. Puesta en carga.
Antes de un estudio más intenso tanto de su construcción como de la documentación a elaborar, los pasos finales en esta definición de la idea acercan al proyecto más a sus aspectos definitorios: su materialización, los detalles, su relación con el entorno, su funcionamiento.

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